MISA POR EL ETERNO DESCANSO DE MARÍA MARGARITA HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ - PARROQUIA DEL ESPIRITU SANTO
PANORAMA CON LORENA HERRERA
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MISA POR EL ETERNO DESCANSO DE MARÍA MARGARITA HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ - PARROQUIA DEL ESPIRITU SANTO
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PANORAMA CON LORENA HERRERA
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✝️ 𝗠𝗶𝘀𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗲𝗹 𝗲𝘁𝗲𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗮𝗻𝘀𝗼 𝗱𝗲 𝐌𝗮𝗿𝗶́𝗮 𝗠𝗮𝗿𝗴𝗮𝗿𝗶𝘁𝗮 𝗛𝗲𝗿𝗻𝗮́𝗻𝗱𝗲𝘇 𝗚𝘂𝘁𝗶𝗲́𝗿𝗿𝗲𝘇.🕊
Hoy, lunes 21 de septiembre de 2026, en la Parroquia del Espíritu Santo, en San Juan de los Lagos, una familia se reúne con el corazón lleno de tristeza para despedir a María Margarita Hernández Gutiérrez.
Es difícil despedir a una madre, a una abuela, a una bisabuela; despedir a una mujer que durante 80 años fue parte de la vida de tantas personas y que hoy deja un espacio que será imposible llenar.
María Margarita fue una mujer fuerte, noble y sencilla. Una mujer que supo enfrentar la vida con trabajo, con entrega y con ese amor que solamente una madre puede tener por su familia.
Hoy, después de 80 años de vida, llega el momento de decirle adiós.
Pero esta despedida también tiene algo de encuentro. Después de 13 años de viudez, María Margarita vuelve a encontrarse con su compañero de vida, Julio Márquez Vázquez, con quien compartió 46 años de matrimonio.
Fueron 46 años de caminar juntos, de formar una familia, de enfrentar dificultades y de compartir alegrías. Después de tantos años de extrañarlo, hoy la familia encuentra consuelo al pensar que nuevamente están juntos, ahora en la vida eterna.
María Margarita y Julio formaron una familia de 13 hijos. Dos de ellos también se adelantaron en el camino: uno partió cuando apenas tenía seis meses de vida y una de sus hijas falleció a los 46 años.
Son ausencias que una madre y una familia nunca olvidan. Por eso, esta despedida también lleva consigo el recuerdo de aquellos hijos que María Margarita amó y que hoy, desde la eternidad, seguramente salen a su encuentro.
Para sus hijos, hoy no solamente se despide a una madre. Se despide a la mujer que estuvo presente en los momentos más importantes de sus vidas; la que enseñó con el ejemplo, la que trabajó por ellos y la que buscó formar hombres y mujeres de bien.
Sus hijos le agradecen cada enseñanza, cada consejo, cada sacrificio y cada momento en que puso a su familia por delante de ella misma.
Le agradecen haberles enseñado a trabajar, a salir adelante, a respetar y a valorar a la familia. Pero, sobre todo, le agradecen ese amor que nunca necesitó grandes palabras para hacerse presente.
María Margarita también deja recuerdos muy especiales en sus seis bisnietos, quienes tuvieron en ella a una bisabuela que formó parte de sus vidas y de sus recuerdos familiares.
Entre las cosas que ahora quedarán en la memoria está su máquina de coser.
Durante muchos años, María Margarita cosió y confeccionó ropa para su familia. Sus manos no solamente cosían telas; también iban dejando en cada prenda una muestra de su cariño, de su paciencia y de esa manera tan suya de cuidar a los que amaba.
Ahora, cuando la familia vuelva a ver una máquina de coser o recuerde aquellas prendas que hizo con sus propias manos, seguramente también estará presente su recuerdo.
A María Margarita le gustaba acompañar a su familia y disfrutar de sus alegrías. Le gustaba estar en las gradas de los juegos de béisbol, viendo jugar a sus hijos y también a sus nietos.
Esos momentos sencillos son precisamente los que hoy adquieren un valor enorme: una tarde de béisbol, una conversación, una prenda hecha por sus manos, una reunión familiar.
Son pequeños recuerdos que ahora se convierten en grandes tesoros.
Y en esta despedida hay también una ausencia que duele de una manera especial.
Su hijo Ricardo Márquez se encuentra en San José, California, acompañado por su familia. Hoy no puede estar físicamente en esta parroquia, pero se une a esta celebración a través de esta transmisión para pedir por el eterno descanso de su mamá.
También están presentes, desde Estados Unidos, algunos de los nietos de María Margarita. Siete de sus nietos se unen de distintas maneras a esta despedida; algunos se encuentran en San José, California, y otros radican en Nuevo México.
Aunque cada uno está en un lugar diferente, todos comparten hoy el mismo sentimiento: la tristeza de despedir a una abuela que fue parte importante de sus vidas.
Para Ricardo y para sus nietos, vivir este momento desde la distancia hace todavía más difícil la despedida. No poder estar aquí físicamente, no poder acompañar a la familia ni darle a María Margarita ese último abrazo es un dolor que resulta difícil expresar.
Pero hay algo que ninguna distancia puede separar: el amor de un hijo, el amor de los nietos y los recuerdos de una familia.
Las fronteras pueden dividir ciudades y países, pero no pueden dividir el cariño que permanece en el corazón.
Y hoy, desde San José, California, desde Nuevo México y desde cada lugar donde se encuentran sus seres queridos, María Margarita está siendo acompañada por las oraciones de su familia.
También están presentes todos aquellos familiares que hoy sienten profundamente esta ausencia.