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Desenmascarando la contracultura: la izquierda y el IV Reich | Pura Virtud

Pura Virtud: Cine y Literatura

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Desenmascarando la contracultura: la izquierda y el IV Reich | Pura Virtud

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Pura Virtud: Cine y Literatura
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En el corazón oscuro del sueño hippy: desenmascarando la contracultura de la mano de David McGowan (Parte 1) Cuando en 1959 tuvo lugar la primera conferencia internacional sobre las terapias con LSD, con el beneplácito de la Fundación Josiah Macy J.R., un vehículo de tantos manejados por la CIA, un grupo de científicos replicó la misma fotografía tomada en Solvay en 1927. El lugar de honor de Albert Einstein dejó pasó al del Doctor Paul Hoch, de la misma forma que el químico y colaborador de la CIA Harold Abramson replicaría al físico Niels Bohr. Por fin los descubrimientos acerca de la naturaleza del universo encontraban su espejo en el interior de la mente humana. El publicista Edward Bernays, sobrino del padre del psicoanálisis Sigmund Freud (además de antepasado él mismo del fundador de Netflix), desarrolló en 1928 el término «propaganda», cuyos principios serían aplicados de ese momento en adelante a la publicidad y a la televisión, en un largo intervalo de tiempo en el que las grandes empresas forjaron la capacidad de deseo de la población occidental. Un extenso período de tiempo, decíamos, donde la sexualización era cada vez mayor y la reproducción cada vez menor, al menos para los países desarrollados tecno-científicamente; y ese contraste tan grato a los enemigos de la natalidad no es fruto de la casualidad. Todo aquello que es considerado pecado para la Iglesia, es reivindicado por aquel que se identifica con su enemigo declarado desde el principio de los tiempos: la Bestia. Aquello que comúnmente se llama “liberación” estos días no es más que un apelativo útil de la neo-lengua, una estrategia más de propaganda para camuflar la violenta iniciación a la que sometió el Occidente profano, como veremos a continuación; y hacer pasar discretamente inadvertida una realidad así de tangible es, quizás, el mayor éxito que se le puede atribuir a la propaganda tal y como la definiera Bernays. Una figura fundamental en el «control de la natalidad», que en realidad es otro nombre para la eugenesia, fue Margaret Sanger, venerado ícono del feminismo e ilustre fundadora de la lucrativa empresa abortista “Planned Parenthood”, más tarde dirigida por William H. Gates, padre del magnate Bill Gates. Fue, precisamente, en la revista que Sanger editó en 1924, titulada “La mujer rebelde”, donde por primera vez apareció el término «control de la natalidad»; y ya antes que su homóloga europea Simone de Beauvoir dijera que «lo personal es político», Sanger fue pionera en la separación pública de sexualidad y reproducción, un mensaje de hedonismo que terminaría calando tras el Mayo del 68 francés y la obra de autores de la Escuela de Frankfurt como Herbert Marcuse, padre del así llamado «freudo-marxismo» por saber entrelazar de manera indistinguible los postulados políticos de Marx con las teorías sexuales de Freud. Feminismo, eugenesia y propaganda comparten, pues, un origen relativamente común y unos fines del todo semejantes. La inteligencia de Sanger le permitió comprender que la burocracia estatal era un instrumento demasiado lento para sus ambiciones eugenésicas y que, por lo tanto, era mejor introducir dicho elemento anti-natalista dentro de una idea mucho más atractiva: la «liberación de la mujer» y su «salud reproductiva». Una noción fundamental para entender la alianza de largo recorrido hasta nuestros días entre abortistas, feministas y eugenistas. Sanger, que vivió mantenida por su marido casi toda su vida, fundó en 1957 la Internacional Pathfinder, cuyo fin era y es promover el aborto y la esterilización, y que pronto se convirtió en distribuidora de la píldora anticonceptiva, un fármaco lucrativo y adictivo que, entre otros efectos secundarios, reduce drásticamente la libido, además de afectar de manera directa a la fertilidad. En realidad, Sanger provenía intelectualmente del racismo biológico del siglo XIX y, más aún, del keynesianismo intervencionista posterior al New Deal de Roosevelt, que a su vez influiría en el nacimiento de la socialdemocracia sueca y hasta de la UE. Discípulo aventajado de Sanger, el investigador Alfred C. Kinsey fue un conocido entomólogo que en 1948 publicó el primer informe socialmente relevante sobre la «orientación sexual», donde supuestamente analizaba las costumbres íntimas de la sociedad estadounidense. En dicho informe se revelaban prácticas sexuales escandalosas y hasta degeneradas para cualquier sociedad puritana, que hasta entonces eran tenidas como residuales y minoritarias, pero que Kinsey deseaba promover entre un amplio público. Por supuesto, el informe estaba amañado y la mayoría de entrevistados por Kinsey resultaron ser enfermos, presidiarios y trastornados; si bien, pesar de ello, hoy en día son todavía muchos los que creen en la veracidad del informe y lo citan para defender aberraciones como la pederastia, el sadomasoquismo o el incesto. Enlace al texto: https://loshijosdelasabiduria.blogspo...