Перейти к содержимому

MARICARMEN: ASÍ SE TRANSFORMA UNA PERSONA EN PANCARTA ELECTORAL

Juan Soto Ivars

0:00 / 0:00

MARICARMEN: ASÍ SE TRANSFORMA UNA PERSONA EN PANCARTA ELECTORAL

140 718 просмотров · 1 день назад
Juan Soto Ivars
195 тыс. подписчиков
140 718 просмотров · 1 день назад
Maricarmen ha muerto a los 87 años. El Sindicato de Inquilinas habla ya de “rentismo que mata” mientras que otros separan su desahucio de la causa de la muerte. Entre ambas cosas hay un problema real, una mujer real y una utilización política inseparable. Maricarmen Abascal murió este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón, donde permanecía ingresada desde que fue desahuciada el 23 de septiembre del piso de Retiro en el que había vivido más de siete décadas. Horas antes de fallecer estaba previsto formalizar el acuerdo que le permitiría regresar a su casa con un contrato de ocho años. No llegó a hacerlo. Su caso ya había cambiado la política española. El desahucio provocó la acampada de la Puerta del Sol, aceleró los dos decretos de vivienda de Pedro Sánchez, terminó en una derrota parlamentaria del Gobierno y forma parte directa de la secuencia que desembocó en las elecciones generales del 29 de noviembre. UGT y CCOO han confirmado además para el 11 de noviembre una huelga general por la vivienda junto al Sindicato de Inquilinas y otros colectivos. La muerte ha añadido otra capa. Alicia del Río, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, afirmó que “el rentismo ha terminado de matar” a Maricarmen y vinculó su fallecimiento al proceso de desahucio. Carme Arcarazo ha presentado la huelga del 11-N como parte de su legado. En Sol se han celebrado homenajes y el movimiento mantiene a Maricarmen como símbolo central de una campaña que ya estaba construida alrededor de su nombre. Pero una cosa es considerar injusto el desahucio y otra convertir automáticamente ese conflicto en una explicación médica. Las informaciones publicadas confirman que Maricarmen tenía un estado de salud delicado y que permanecía hospitalizada desde el lanzamiento, pero no han difundido una causa oficial de su muerte. Esa diferencia importa cuando empiezan a circular acusaciones de asesinato, responsabilidades personales y llamadas a la venganza. También importa para no perder de vista el conflicto original. Urbagestión había comprado en 2020 una vivienda ocupada por una inquilina de renta antigua que seguía pagando alrededor de 500 euros mensuales entre alquiler y gastos. Después llegaron años de litigios y cuatro intentos de desahucio. Puede defenderse que una empresa que compra barato precisamente porque existe esa situación debería haber esperado y permitido a una mujer de 87 años terminar allí su vida. Ese argumento no necesita convertirla en santa, examinar si iba al bingo ni investigar si caía mejor o peor a sus vecinos. Ahí aparece la otra discusión que ha crecido alrededor del caso. Cuando una persona concreta se convierte en símbolo nacional, cada detalle de su vida empieza a utilizarse como munición. Unos construyen una heroína sin matices; otros buscan cualquier dato que permita desacreditarla. Agustín Pery de ABC y Alberto Olmos de El Confídencial han escrito estos días precisamente sobre esa transformación de Maricarmen en personaje político. El problema no es conocer quién era, sino pretender que su carácter privado cambie el fondo del desahucio o que su muerte demuestre por sí sola una tesis política. La secuencia completa explica por qué su nombre tiene hoy tanto peso: Maricarmen, Sindicato de Inquilinas, Puerta del Sol, decretos de vivienda, Diputación Permanente, huelga general y elecciones del 29-N. El PSOE ha colocado la vivienda en el centro de la campaña y Sánchez plantea una mayoría más amplia para intervenir un mercado que considera fallido. La izquierda movilizada exige ir todavía más lejos; PP y Vox discuten buena parte de las recetas y Ayuso se ha convertido en uno de los principales objetivos de las protestas. La vivienda ya era uno de los mayores problemas de España antes de que nadie conociera a Maricarmen. Padres divorciados que vuelven a casa de sus padres, jóvenes que no pueden emanciparse, familias enteras viviendo en una habitación, salarios incapaces de seguir los alquileres y una oferta insuficiente no caben dentro de una sola biografía.