Recuerde el alma dormida de Alonso Mudarra
AQUEL TROVAR
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AQUEL TROVAR
Delia Agúndez, canto y carillón
Antonio Torralba, flauta
José Ignacio Fernández, laúd
Daniel Sáez Conde, vihuela de arco bajo
DISCO LIBRO DE AQUEL TROVAR
CÓMO SE PASA LA VIDA
Meditación filosófica en la canción renacentista
Es difícil hallar una manifestación más bella y elocuente de un "memento mori" que la de la que quizás fue la más antigua musicalización de algunas coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre, el maestre de Santiago don Rodrigo Manrique. Nos referimos a que se incluye en la colección "Tres libros de música en cifras para vihuela" de Alonso Mudarra (1510-1580), publicada en Sevilla en 1546. Mudarra hace gala de su maestría y de su sobria sensibilidad musicalizando textos poéticos profundos y ofrece una música de mesurada melancolía, perfectamente adaptada al tono contemplativo y aleccionador del poema. Cantamos estas tres estrofas:
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después, de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
porque todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
El crescendo conceptual recuerde/ avive/ despierte, la llegada sigilosa de la muerte tan callando, la agudeza de la observación del dolor que puede producir el recuerdo, la insatisfacción inherente al presente, el juicio sabio que nos lleva a concluir que podemos dar lo no venido por pasado, la enunciación sentenciosa de esa ley universal de la transitoriedad, la bellísima metáfora de los ríos en constante fluir, el grave final… todo nos acerca a la grandeza del arte renacentista.
© AQUEL TROVAR