¡Dios sigue sembrando en tu corazón! ¿Estás dispuesto a escuchar
Padre Jorge
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En este Evangelio, Jesús nos presenta una de las parábolas más conocidas: la parábola del sembrador. Un sembrador sale a sembrar y la semilla cae en distintos terrenos: junto al camino, entre piedras, entre espinas y, finalmente, en tierra buena.
Jesús mismo explica que la semilla es la Palabra de Dios. El sembrador es generoso: no selecciona demasiado dónde arrojar la semilla; la esparce abundantemente. Esto nos recuerda que Dios continúa sembrando su Palabra en el corazón de cada persona, incluso cuando aparentemente no vemos resultados.
Pero la parábola nos invita a mirar algo más profundo: ¿qué tipo de tierra es hoy nuestro corazón?
A veces podemos ser como el camino: escuchamos la Palabra, pero no permitimos que penetre en nosotros. La escuchamos durante la Misa, en una reflexión o en una conversación, pero después seguimos viviendo como si nunca la hubiéramos escuchado.
Otras veces somos como el terreno pedregoso. Recibimos la Palabra con entusiasmo, nos emocionamos, queremos cambiar, pero cuando llegan las dificultades abandonamos. Nuestra fe necesita raíces profundas para permanecer firme cuando aparecen los problemas.
También podemos parecernos a la tierra llena de espinas. Queremos seguir a Dios, pero las preocupaciones, el dinero, las ambiciones, los deseos y tantas distracciones terminan ocupando el lugar que debería tener Dios en nuestra vida.
Pero Jesús habla también de la tierra buena. Es el corazón que escucha la Palabra, la acoge y persevera. No significa que sea una persona perfecta, sino una persona que permite que Dios transforme su vida poco a poco.
La pregunta fundamental de este Evangelio no es solamente: “¿Estoy escuchando la Palabra de Dios?” La pregunta es: “¿Qué estoy haciendo con lo que Dios me está diciendo?”
Porque una semilla no está destinada a permanecer escondida. Está destinada a crecer y producir fruto.
Quizás hoy necesitamos pedirle al Señor:
“Jesús, prepara mi corazón. Quita las piedras, arranca las espinas y haz de mi vida una tierra buena donde tu Palabra pueda crecer.”
Y cuando la Palabra de Dios encuentra un corazón dispuesto, comienza a producir frutos: fe, esperanza, amor, paciencia, perdón, servicio y misericordia.
Que hoy no dejemos pasar la semilla que Dios quiere sembrar en nosotros. Tal vez una sola palabra de Jesús, acogida con un corazón sincero, puede transformar toda nuestra vida.
Oración:
Señor Jesús, haz de mi corazón una tierra buena. Que no escuche tu Palabra solamente con mis oídos, sino que la reciba con el corazón y la lleve a la práctica. Quita de mí todo aquello que impide que tu semilla crezca y ayúdame a dar frutos de amor y de misericordia. Amén.