¿Para que vivir? (Viktor Frankl)
LIONEL PEÑALOZA
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¿Para que vivir? (Viktor Frankl)
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LIONEL PEÑALOZA
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(Viktor Frankl)
Hay preguntas que buscan una causa:
¿Por qué pasó?
¿Por qué a mí?
¿Por qué fue así?
Frankl agregó otra:
Ahora que esto existe…
¿qué hago con esto?
¿Para qué vivir?
Logoterapia
Viktor Frankl,
psiquiatra y neurólogo,
desarrolló la logoterapia.
“Logos” puede entenderse aquí
como sentido.
Su propuesta puso en el centro
la búsqueda de significado.
No preguntaba solamente
qué nos dio placer
o qué nos hizo sufrir.
También:
¿qué hace que una vida
merezca ser vivida?
¿Por qué?
Busca hacia atrás.
¿Para qué?
Pregunta hacia dónde vas.
No elegís todo
lo que puede suceder.
Pero frente a ciertas circunstancias…
todavía queda
cómo responder.
Sentido no es
que todo salga bien.
Es encontrar
algo por qué vivir,
algo que realizar,
alguien a quien amar.
Voluntad de sentido
Freud destacó
la búsqueda de satisfacción.
Adler,
la superación.
Frankl puso el foco
en la voluntad de sentido:
la necesidad humana
de encontrar significado
en la propia existencia.
No existe necesariamente
un mismo sentido
para todas las personas.
Puede cambiar
de persona a persona,
de momento a momento.
La pregunta no es sólo:
“¿Qué espero de la vida?”
También:
“¿Qué espera la vida
de mí ahora?”
Vacío existencial
¿Y cuando no encuentro
un para qué?
Frankl habló
del vacío existencial:
sensación de falta
de significado,
aburrimiento,
desorientación.
“Tengo cosas…
pero no sé para qué.”
“Cumplo objetivos…
pero algo sigue vacío.”
No necesariamente
es una enfermedad.
Es una experiencia
que puede aparecer
cuando perdemos dirección
o significado.
¿Por qué?
Busca una explicación.
¿Para qué?
Busca una dirección.
No todo dolor
tiene una razón.
Y sufrir por sufrir
no tiene valor.
Pero si existe
algo que no puedo cambiar…
todavía puedo preguntarme
cómo lo voy a enfrentar.
Tres caminos hacia el sentido
Frankl describió
tres grandes caminos.
Primero:
crear.
Una obra.
Un trabajo.
Una acción.
Algo que aportamos al mundo.
Segundo:
experimentar.
La naturaleza.
La belleza.
La verdad.
El encuentro.
Amar a otra persona.
Y tercero:
cuando enfrentamos
un sufrimiento inevitable,
la actitud
que elegimos asumir.
Pero atención:
si el sufrimiento
puede evitarse…
la tarea no es soportarlo.
Es cambiar
lo que pueda cambiarse.
Libertad y responsabilidad
Frankl no dijo
que somos libres
de controlar todo.
Hay límites.
Historia.
Cuerpo.
Circunstancias.
La libertad humana
no es omnipotencia.
Es un margen
desde el cual podemos
tomar posición
frente a determinadas condiciones.
Y libertad,
sin responsabilidad,
queda incompleta.
Porque elegir
también significa
responder por la elección.
No controlo todo:
—Circunstancia.
Puedo tomar posición:
—Libertad.
Elijo una respuesta:
—Decisión.
Me hago cargo:
—Responsabilidad.
Encuentro un para qué:
—Sentido.
Autotrascendencia
Y aparece una idea hermosa:
autotrascendencia.
Para Frankl,
la realización personal
no se consigue
mirándonos únicamente
a nosotros mismos.
El ser humano
puede dirigirse
hacia algo
más allá de sí:
una persona que ama,
una causa,
una tarea,
un significado.
A veces encontramos
algo de nosotros…
cuando dejamos
de buscarnos solamente
a nosotros.
Sufrimiento
Frankl conoció
el sufrimiento extremo.
Sobrevivió
a campos de concentración nazis
y perdió a miembros
de su familia.
Pero su teoría
no significa que el sufrimiento
sea necesario
para encontrar sentido.
Ni que toda tragedia
tenga una explicación.
Su propuesta es más precisa:
cuando una situación
realmente no puede cambiarse,
todavía puede existir
la posibilidad
de elegir una actitud
frente a ella.
¿Por qué?
Busca hacia atrás.
¿Para qué?
Pregunta hacia dónde vas.
Voluntad de sentido.
Vacío existencial.
Creación.
Experiencia.
Actitud.
Libertad.
Responsabilidad.
Autotrascendencia.
Sentido.
No siempre elegimos
lo que ocurre.
No siempre podemos
cambiar la realidad.
Pero mientras exista
un margen de respuesta…
existe una pregunta:
¿Qué voy a hacer
con esto?
Frankl no prometió
una vida sin dolor.
Tampoco dijo
que todo ocurre
por alguna razón.
Propuso algo
más exigente:
la vida puede preguntarnos
incluso cuando
no tenemos respuestas.
Y quizás el sentido
no sea algo
que simplemente encontramos.
A veces…
es algo
a lo que respondemos.