El Idioma De Mi Piel (Dembow) 2026
Guerrera Bendecida
0:00 / 0:00
El Idioma De Mi Piel (Dembow) 2026
10 просмотров · 2 дня назад
Guerrera Bendecida
5 подписчиков
10 просмотров · 2 дня назад
El idioma de mi piel
Durante mucho tiempo viví en mi mente,
pensando cada paso antes de avanzar,
que olvidé que debajo de mis pensamientos
había un cuerpo intentandome hablar.
Sentía, pero pasaba de largo,
tocaba sin quedarme a percibir,
como quien cruza un paisaje hermoso
sin detenerse jamás a mirar lo que hay allí.
Mi cuerpo estaba presente,
pero yo no estaba completamente en él;
había aprendido a entender la vida
antes de preguntarme qué podía sentir mi piel.
Hasta que un día me detuve,
y por primera vez no quise escapar;
dejé el ruido fuera de mi cuerpo
y me quedé allí, simplemente, para escuchar.
Y entonces aprendí el idioma de mi piel,
ese que la mente no sabía traducir;
un calor que aparece de repente,
una corriente que me atraviesa al sentir.
Ya no necesito correr hacia una respuesta,
ni ponerle un nombre a cada sensación;
me basta con estar completamente presente
y escuchar lo que despierta en mi interior.
Porque quizá sentir no era sentir más,
sino estar más cerca de mí;
mi cuerpo siempre estuvo hablando
y yo acababa de aprender a oír.
Cuando mi mano se acerca y permanece,
hay una intensidad que no puedo ignorar,
un calor que noto de repente
y hace que toda mi atención se quede sin intención de escapar.
Y cuando el contacto se vuelve más íntimo,
mi cuerpo responde con su propio lenguaje,
como si cada sensación encendiera
una parte de mí que permanecía en silencio.
No sé si aquello tiene una explicación
que mi razón pueda alcanzar,
ni necesito convertirlo en certeza
para saber que lo estoy pudiendo experimentar.
Porque ahora percibo matices
que antes dejaba pasar,
pequeños cambios en la piel, en el pulso,
en la respiración al despertar.
Y cuanto más presente permanezco,
más profundo se vuelve mi sentir;
como si al tocar el cuerpo del otro
también estuviera descubriéndome a mí.
Y comprendí que no era solamente
lo que mis manos podían encontrar;
era todo aquello que ese contacto
despertaba dentro de mi propia realidad.
Y entonces aprendí el idioma de mi piel,
ese que la mente no sabía traducir;
un calor que aparece de repente,
una corriente que me atraviesa al sentir.
Ya no necesito correr hacia una respuesta,
ni ponerle un nombre a cada sensación;
me basta con estar completamente presente
y escuchar lo que despierta en mi interior.
Porque quizá sentir no era sentir más,
sino estar más cerca de mí;
mi cuerpo siempre estuvo hablando
y yo acababa de aprender a oír.
Y qué extraño descubrirlo ahora:
que no necesitaba buscar más lejos
para encontrar algo que ya estaba en mí.
Necesitaba parar.
Y entonces entendí
que mi cuerpo no era un lugar que tenía que controlar,
sino un territorio que podía habitar.
Que una mano puede tocar
y, al mismo tiempo, escuchar.
Que una respiración puede decir
lo que una palabra no sabe explicar.
Que un instante puede ser tan profundo
cuando realmente estás dentro de ti.
Y ahí cambió todo.
Porque ya no estaba descubriendo solamente
lo que sentía al tocarte.
Estaba descubriendo
*cómo se siente estar completamente conmigo.*
Ahora observo sin juzgarme,
sin exigirle respuestas a mi piel,
dejo que cada sensación llegue
y permanezca el tiempo que tenga que permanecer.
Ya no necesito interpretar cada señal,
ni convertir cada impulso en verdad;
aprendí a sentir con presencia
y dejar que mi cuerpo hable con libertad.
Y cuanto más escucho lo que sucede dentro,
más clara se vuelve mi percepción:
el cuerpo no siempre pide palabras,
a veces solo pide atención.
Ahora conozco el idioma de mi piel,
y ya no puedo volver a no escuchar;
sé que existe un mundo dentro del cuerpo
que solo aparece cuando decides habitar.
Ese calor, ese pulso, esa respuesta,
ya no son solamente una sensación;
son parte de un cuerpo que despierta
cuando encuentra presencia y conexión.
Y quizá ese fue el verdadero descubrimiento
que había venido a encontrar en mí:
no era sentirte más profundamente,
era descubrir
que cuando dejo de abandonarme en la mente,
puedo finalmente quedarme aquí,
donde siempre estuvo mi vida
esperando que yo volviera a mí.
Mi cuerpo no empezó a hablar aquel día.
Yo empecé a escucharlo.
Y desde entonces
cada sensación tiene un aprendizaje,
Solo necesito estar presente
conmigo…
y no volver a irme de mí.