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03 - Conviértete en estudiante

El Súmmum de la Síntesis

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03 - Conviértete en estudiante

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El Súmmum de la Síntesis
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Un día de abril, a principios de los ochenta, una sola tarde se convirtió en la pesadilla de un guitarrista y el sueño de otro. En un almacén decrépito de Nueva York, los miembros de la banda de metal underground Metallica se reunieron antes de una sesión de grabación prevista y, con pocas palabras, le entregaron a su guitarrista Dave Mustaine un billete de autobús de vuelta a San Francisco. Ese mismo día, un joven apenas veinteañero llamado Kirk Hammett fue llamado para sustituirlo y dio su primer concierto con la banda unos días más tarde. Metallica llegaría a vender más de cien millones de discos y a arrastrar el thrash metal desde la clandestinidad hasta un género global. Todo parecía indicar que Hammett había llegado. En cambio hizo lo contrario. De regreso a San Francisco buscó un profesor de guitarra, admitiendo ante sí mismo que, pese a años tocando y a ese golpe de suerte improbable, aún no era tan bueno como quería ser. El maestro que eligió fue Joe Satriani, un virtuoso que después vendería más de diez millones de sus propios discos. Satriani daba clase en una pequeña tienda de música en Berkeley y tenía fama de ser un maestro de maestros, formador de prodigios como Steve Vai. Según él, Hammett ya tocaba solos, ya sabía la mayoría de sus acordes, ya destrozaba escalas. Lo que nunca había hecho era aprender el nombre de lo que tocaba ni cómo conectar las piezas entre sí. Lo que lo distinguía de otros alumnos, decía Satriani, era su disposición a soportar una instrucción que los demás abandonaban dando un portazo: clases semanales que había que aprender o Hammett estaba haciendo perder el tiempo a todos. Durante dos años volvió cada semana en busca de crítica objetiva, evaluación y práctica intensiva en teoría y técnica. E incluso después de terminar ese estudio formal, siguió llevándole a Satriani los riffs y los pasajes que trabajaba con la banda, aprendiendo a decir más con menos notas. El poder de ser estudiante, argumenta Holiday, no reside solo en prolongar la instrucción, sino en poner el ego y la ambición en manos ajenas. Existe un techo impuesto: uno sabe que no es mejor que el maestro bajo cuya tutela se encuentra, y no puede fingir ni engañarlo. La educación no admite atajos. Ajustar a la baja la propia estimación es una de las cosas más difíciles de la vida, pero casi siempre es un componente de la maestría. La pretensión de saber es el vicio más peligroso porque impide seguir mejorando. La autoevaluación rigurosa es su antídoto. El pionero de las artes marciales mixtas Frank Shamrock formalizó esa intuición en un sistema de entrenamiento al que llama más, menos e igual. Todo luchador, para llegar a ser grande, necesita a alguien mejor del que aprender, a alguien peor al que enseñar y a alguien equivalente contra el que medirse. El objetivo es recibir retroalimentación real y continua desde todos los ángulos. La crítica disuelve el ego que nos infla, el miedo que nos hace dudar y la pereza que nos tienta a acomodarnos. Las ideas falsas sobre uno mismo, dice Shamrock, te destruyen. Él siempre sigue siendo estudiante y usa esa humildad como herramienta, situándose por debajo de alguien en quien confía. La mentalidad del estudiante no se limita a luchadores y músicos. Un científico debe conocer los descubrimientos de vanguardia y los principios fundamentales de su campo. Un filósofo debe saber en profundidad y, como Sócrates, saber cuán poco sabe. Un escritor debe conocer el canon y leer a sus contemporáneos. Un historiador debe dominar la historia antigua y la moderna además de su especialidad. Incluso los atletas profesionales y los políticos poderosos cuentan con equipos de entrenadores, asesores y mentores. Para llegar a ser grande y para seguir siéndolo hay que interiorizar los fundamentos sin osificarse, aprender siempre, ser el propio maestro, tutor y crítico. Un estudiante verdadero es una esponja, autocrítico y motivado, y en esa postura no cabe el ego. Epicteto lo dijo con claridad: es imposible aprender lo que uno cree ya saber. El ego bloquea la incubación. Se precipita hacia el final y trata la paciencia como una debilidad. Odia la crítica dura precisamente cuando no podemos permitirnos ponernos a la defensiva. Hoy que los libros son baratos, los cursos gratuitos y el acceso a los maestros está a un clic, no hay excusa para no formarse ni para dar nunca por concluido ese proceso. Como dice el viejo proverbio, cuando el alumno está preparado, aparece el maestro.