Estoy LOCO: Viajo en el RENAULT TWNGO y DESCUBRO la REALIDAD de los COCHES ELÉCTRICOS
Eduardo Arcos
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Estoy LOCO: Viajo en el RENAULT TWNGO y DESCUBRO la REALIDAD de los COCHES ELÉCTRICOS
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Eduardo Arcos
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No sé en qué estaba pensando. Pero me he ido de viaje en un Renault Twingo eléctrico que tiene una batería de apenas 27,5 kWh. Ha sido toda una aventura.
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Me decidí a hacer una pequeña locura: meter en autopista un Renault Twingo 100% eléctrico para hacer una escapada de Madrid a Valladolid, ida y vuelta. Casi 450 kilómetros con un coche que sobre el papel está pensado única y exclusivamente para trayectos urbanos y con una batería diminuta de apenas 27,5 kWh de capacidad. Quería comprobar de primera mano la autonomía real en carretera y ver hasta qué punto tiene sentido viajar en un Twingo hoy en día o si de verdad estamos limitados a no salir de la ciudad.
Vengo de utilizar a diario un coche con una batería de 100 kWh, cuatro veces más grande que la de este utilitario, y tras pasar todo un mes viviendo con el Twingo por Madrid me apetecía ponerlo a prueba en un escenario totalmente opuesto. Muchos descartan directamente este tipo de opciones económicas pensando que no sirven para nada más allá de hacer recados, como si fueran un juguete. Mi sensación durante estas semanas ha sido justo la contraria: me recuerda al impacto del primer iMac, un producto diferente, accesible, divertido y con mucha más utilidad en la vida real de la que la ficha técnica deja entrever.
El trayecto de ida hacia Valladolid arrancó por autovía respetando en todo momento las velocidades máximas de la vía, con el pedal regenerativo activo y sin buscar una conducción irreal solo para bajar consumos. Subiendo los puertos de montaña para salir de Madrid el gasto subió hacia los 15,5 kWh a los 100 km, aunque en tramos llanos y bajadas se estabilizó por debajo de los 14 kWh. A nivel de rodadura y confort de marcha la suspensión filtra sorprendentemente bien y el coche pisa con mucha seguridad, aunque el aislamiento acústico a 120 km/h deja pasar bastante ruido de viento y rodadura, dejando claro dónde se ajustaron los costes de fabricación.
Planifiqué la ruta usando Google Maps y A Better Routeplanner para estimar una parada rápida a mitad de camino. Aquí llegó el primer imprevisto que retrata la realidad actual de la infraestructura: el cargador marcado en ruta ya no pertenecía al operador habitual, había cambiado de compañía y estaba completamente fuera de servicio sin que la información estuviera actualizada en los mapas. Con un 21% de carga restante tuve que recalcular sobre la marcha hacia una estación cercana de TotalEnergies a diez minutos. El coche cargó a su tope de 50 kW en corriente continua sin ningún problema térmico, pasando del 20% al 80% en unos 20 minutos mientras aprovechaba para tomar algo.
En el viaje de regreso la situación fue similar: salí de Valladolid con apenas un 33% de batería y completé el retorno con dos paradas muy breves de apenas 10 y 13 minutos para meter la energía justa que me permitía enlazar la siguiente estación y llegar a casa sin quedarme colgado. Viajar en un Twingo requiere cierta planificación porque con 27,5 kWh no puedes improvisar al cien por cien como en coches de 70 u 80 kWh, pero la densidad de puntos de carga en corredores principales demuestra que la autonomía real para escapadas de dos a cuatro horas es viable. El promedio global del viaje cerró en 13,7 kWh a los 100 km, una cifra contenida pero donde la aerodinámica juega su papel. La ausencia de refrigeración activa en la batería es sin duda su punto más delicado si se afrontan recargas consecutivas en pleno verano, pero como concepto accesible y funcional demuestra que la movilidad eléctrica para viajar no es territorio exclusivo de baterías gigantes.