La Reina de Sabá, una Señal / Charles Spurgeon (Mateo 12:42)
El Príncipe de los Predicadores
0:00 / 0:00
La Reina de Sabá, una Señal / Charles Spurgeon (Mateo 12:42)
117 просмотров · 3 мес. назад
El Príncipe de los Predicadores
10,6 тыс. подписчиков
117 просмотров · 3 мес. назад
Los escribas y fariseos podrían haber comprobado fácilmente que Jesús era el Mesías prometido si tan solo se hubieran tomado la molestia de examinar Sus credenciales. Tenían la Ley y el testimonio al alcance de la mano y también podrían haber apelado a los Profetas y, entonces, difícilmente habrían dejado de notar los muchos puntos maravillosos de semejanza entre Jesús de Nazaret y el Mesías que había de venir; pero se negaron a investigar a fondo Sus afirmaciones, dieron por sentado que Él era un impostor y, por lo tanto, lo rechazaron. Cuando fueron acorralados por las Verdades de Dios que Él habló, le exigieron una señal, y allí nuevamente demostraron que no eran sinceros, pues Él les había dado muchas señales, algunas de las cuales debieron haber reconocido, porque su ira había sido provocada por ellas, como, por ejemplo, cuando Jesús entró en su sinagoga y sanó en el día de reposo a un hombre que tenía una mano seca. Lo habían condenado como quebrantador del día de reposo porque obró este milagro, así que ciertamente debió llegar a su conocimiento; sin embargo, mientras este y multitudes de otros milagros se reportaban constantemente de Él, ellos continuaron rechazándolo, desdeñando confesar que Él era el Cristo, aunque Él lo probó en sus propias caras.
Le pidieron una señal, pero el Salvador les dice que no tendrán más señales aparte de las que ya habían tenido. Una de esas señales fue el profeta Jonás saliendo del vientre del pez después de haber yacido allí tres días. Cristo mismo resucitaría al tercer día y, por Su Resurrección, cumpliría el tipo de Jonás. Esta sería una señal tal que no podrían contradecir. Luego estaban las señales de los hombres de Nínive, arrepintiéndose ante la predicación de Jonás, y la reina del Sur viniendo a Salomón. Los gentiles, los lejanos, serían señales para los judíos incrédulos: verían que Jesús era el Cristo porque Él llamó para Sí a un pueblo que no le conocía y corrieron hacia Él a causa de Jehová su Dios, quien lo había enviado como Su Mensajero. Si los escribas y fariseos continuaban rechazando estas señales infalibles, no se les darían otras, sino que el sello del gran Rey se pondría en la orden de ejecución, condenando a Jerusalén a la destrucción y al pueblo a ser esparcido.
Creo que podemos decir verdaderamente que la reina de Sabá es una señal incluso para esta generación, pues cada generación, aunque difiere en algunos aspectos de las otras, tiene muchos puntos de semejanza con ellas. Cuando ustedes perciben lo que otros hombres han sido, ven mucho de lo que ustedes mismos son. Es una verdad comúnmente admitida que la historia se repite y lo hace porque es el resultado del mismo tipo de pasiones y las mismas tendencias pecaminosas en los malvados corazones humanos. Así que creo que la era actual es, en muchos puntos, muy parecida a aquella en la que apareció Cristo mismo. Y si Él estuviera corporalmente aquí, en este momento, podría decir con gran exactitud: "La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar."