"Día 240" La Biblia en un año
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Es comúnmente considerado como verdad que el dinero no puede comprar la felicidad, pero, ¿realmente vivimos como si esto fuera cierto? ¿Con qué frecuencia nuestras decisiones están basadas en consideraciones materiales? ¿Con qué frecuencia demoramos el servicio a Dios, a la familia o al prójimo por el bien de nuestras carreras o nuestro beneficio financiero? En Isaías, el profeta habla del castigo de Israel: el pueblo será despojado de sus ricos atavíos, de sus tierras y de sus medios de subsistencia. Estas severas pérdidas recordarán a las personas que todas las cosas son un don de Dios. Aunque las posesiones materiales pueden ser buenas y son necesarias para nuestra vida cotidiana, fácilmente podemos permitirles la precedencia sobre Dios. El Eclesiastés lo propone aún más crudamente. Si juntamos posesiones es en nuestro propio detrimento. Cuando muramos no llevaremos nada con nosotros. Demasiado a menudo olvidamos que las cosas buenas que tenemos no son el bien último. Debemos resistir a la tentación de permitir que nuestros talentos y tesoros nos hinchen, como dice San Pablo. Cuando tenemos cosas buenas y bellas, debemos alabar a Dios y no a nosotros mismos. Considera estas preguntas para ver si amas las posesiones materiales más que a Dios: ¿Cómo reaccionas cuando las pierdes? Y ¿para quién utilizas tus posesiones materiales? ¿Antepones a veces las posesiones materiales a Dios y a los demás?