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MI PATRÓN ME EXPLOTÓ 17 AÑOS, HICE UN PACTO Y HOY LA GASOLINERA ES MÍA

Doctor Terror

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MI PATRÓN ME EXPLOTÓ 17 AÑOS, HICE UN PACTO Y HOY LA GASOLINERA ES MÍA

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Ramiro Cantú entró a esa gasolinera de la carretera nacional en marzo de dos mil uno, con veintiséis años, como despachador. Salió diecisiete años después sin puesto, sin reconocimiento y con una libreta chiquita en la bolsa de la camisa donde tenía apuntado, peso por peso, todo lo que había pagado de su propio bolsillo por faltantes de caja que él nunca se robó. El patrón era un hombre respetado en todo Montemorelos, de misa de siete diaria y rosario en la bolsa del pantalón, que le daba para el techo de la parroquia y que le decía mijo a todos sus trabajadores. Era el mismo hombre que borraba renglones con un borrador dentro de su oficina. La cuenta cerró en diciembre de dos mil dieciocho, la noche en que un compañero con treinta y dos años de trabajo sacó sus ahorros para cubrir un faltante que tampoco era suyo, y Ramiro se quedó callado en esa mesa. Esa madrugada sacó su libreta y sumó todo. Le dio un número exacto. Ese número se lo pidió a Dios durante una novena de nueve días, con veladoras, con misas y con una manda que no tenía con qué pagar. Y no pasó nada. Lo que sí pasó vino después, a las cinco y quince de la mañana, cuando la campanilla de la isla sonó sin que hubiera un solo carro sobre la manguera. Afuera había un hombre parado, con el uniforme de la estación y el trapo rojo al hombro, y en el pecho, donde va bordado el nombre, la tela estaba lisa. No pidió alma, no pidió sangre y no amenazó a nadie. Nada más explicó una regla muy sencilla: el turno no se inventa, el turno se pasa. Cada vez que alguien recupera el tiempo que le quitaron, hay otra persona cubriendo esa cuenta. Esta historia tiene pueblo, tiene año, tiene nombres y tiene una cuenta cerrada hasta el último peso. Escúchala completa, porque el hombre que la cuenta no pide perdón en ningún momento, y al final te devuelve una pregunta a ti. Contéstala en los comentarios sin mentir: en su lugar, ¿tú escribes el nombre?