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FUI LA AMANTE DE 5 EMPRESARIOS AL MISMO TIEMPO, GRACIAS A LA POMBA GIRA

Doctor Terror

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FUI LA AMANTE DE 5 EMPRESARIOS AL MISMO TIEMPO, GRACIAS A LA POMBA GIRA

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Doctor Terror
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En el Istmo de Tehuantepec el calor pasa de los cuarenta grados y aquí la gente se saluda ofreciendo agua. Es lo primero que se hace cuando alguien llega a la casa. Imelda Matus pasó seis años tomando agua con reloj, como se toma una pastilla, porque no sentía sed. Se desmayó dos veces bordando, le sacaron sangre en Tehuantepec y no le encontraron nada. Ella sabía exactamente el día en que había empezado, y sabía lo que estaba pagando, porque tenía una trenza de siete listones colgada de un clavo en la pared de su taller, a la vista de toda persona que entraba en esa casa. En seis años nadie le preguntó nunca qué era eso. Pero esta historia no empieza con los cinco hombres que ella sostuvo al mismo tiempo en un puerto chico, usando el calendario del mar y de la carretera para que ninguno supiera del otro. Empieza mucho antes, un domingo de noviembre de mil novecientos ochenta y siete, cuando a una muchacha de diecinueve años la llamaron al frente de la congregación por el dinero que se había juntado año y medio para el techo del templo. No le dijeron ladrona. Le dijeron algo peor: le dijeron hasta que se aclare. Y nunca se aclaró. Esa noche le dieron la palabra a su madre delante de todos, y su madre dijo que no y se quedó viendo su rebozo. Imelda se fue de ahí creyendo que Dios había firmado abajo de eso, y tardó veintitrés años en descubrir que no. Aquí va a oír lo que le fueron sacando de adentro, un pedazo cada vez, sin que ella se diera cuenta: la sed, el calor del cuerpo y al final la risa, que se le fue justo la noche en que sintió la cosa más fea que ha sentido en su vida. Va a oír lo que le pasó a cada uno de esos cinco hombres a lo largo de seis años, y va a oír que cada una de esas desgracias tiene explicación natural, una por una, sin excepción. Va a oír lo que hizo cuando descubrió que la trenza no era de cinco lugares sino de siete, y para quién eran los dos que faltaban. El final no es bonito y aquí no se va a suavizar. Ella se quedó sin casa, sin nombre y sin el oficio que le dio de comer toda la vida, y todavía carga con un hombre bueno del que se burló en su propia sala. Pero toma agua y le sabe, da la mano y está caliente, y se ríe. Escuche hasta el final, sobre todo si usted salió de una congregación con un coraje que todavía no se le quita. Después dígame en los comentarios si usted habría trenzado el primer listón.