Los hombres de hoy en día ya no se esfuerzan… El chico al que estoy conociendo me
El Chismesaurio
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Los hombres de hoy en día ya no se esfuerzan… El chico al que estoy conociendo me dice que tuvo un día ocupado y no le dio tiempo para escribirme… Un hombre de verdad busca la forma, yo misma le estoy escribiendo desde el carro de mi novio arriesgándome por él.
Conocí a Fernando en una conferencia de ética profesional, de esas donde la gente aplaude por obligación y se siente virtuosa por escuchar a alguien decir que “la honestidad es importante”. Él estaba sentado en primera fila con una libreta perfectamente alineada con el borde de la mesa, tomando apuntes como si le estuvieran dictando el futuro del mundo. Fernando, mi novio, es contador, y se le notaba desde lejos: la camisa planchada, la mirada de “yo hago todo bien”, y ese aire de hombre que cree que la vida se arregla con un Excel y una sonrisa educada. Me pidió mi número con un respeto casi ceremonial, como si yo fuera un premio a su buen comportamiento. A mí me pareció adorable, porque una cosa es que un hombre sea correcto y otra es que se esfuerce por merecerte. Las primeras citas fueron exactamente como te imaginarías: café a la hora correcta, restaurante con buena iluminación, y él hablando de metas, ahorro y “construir algo estable”. No era un hombre que improvisara, y eso al principio me tranquilizaba, porque yo venía de relaciones donde la emoción era puro desorden y promesas vacías. Fernando me abría la puerta del carro, me escribía al llegar a casa y me preguntaba si había comido. La gente confunde eso con romanticismo, y yo no voy a negar que se siente bonito cuando alguien te trata como prioridad. Pero también te digo algo: hay una diferencia enorme entre cuidar y conquistar. Y Fernando era más de cuidar, como si yo fuera una planta que riegas y ya está. Él era el tipo de hombre que te ama con estructura. Aniversarios anotados, fechas importantes recordadas, llamadas puntuales, y una calma que la gente idolatra porque creen que “la paz” es el máximo objetivo de una relación. Con Fernando todo era predecible, y esa predictibilidad se vendía como madurez. Yo intentaba encajar en esa vida porque, claro, una mujer también debe valorar la estabilidad, eso dicen, pero por dentro me empezaba a sentir como si yo fuera un adorno bonito en su rutina. Él no discutía, no peleaba, no se desbordaba, y al principio eso parecía ideal.
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