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CARRETERA 140 PEROTE A XALAPA | Manejo por las montañas de Veracruz

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CARRETERA 140 PEROTE A XALAPA | Manejo por las montañas de Veracruz

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La Carretera 140D: El Camino que Conecta el Alma de Veracruz Entre las montañas y los valles del estado de Veracruz, la Carretera 140D —la ruta entre Perote y Xalapa— no es solo una vía de acceso. Es una historia en movimiento. Nunca te lo dirán en un mapa oficial: esta carretera fue construida con manos de campesinos, con cuerdas, con muletas y con una voluntad que nadie esperaba. En 1972, cuando el gobierno prometió conectar Perote a la capital estatal, muchos creían que era imposible. Las laderas eran escarpadas, los ríos cruzaban el camino sin permiso, y los ingenieros se retiraban al ver el terreno. Pero los pueblos no se rindieron. Trabajaron de noche, con antorchas; construyeron puentes con piedra local y barro; y, en el proceso, crearon algo más que una carretera: una red de resistencia. La 140D tiene su propia geografía. Desde Perote, en la sierra norte, sube por pendientes de hasta 35 grados, pasando por bosques de encinos y robles. A mitad de camino, el clima cambia: ya no hay niebla de altura, sino humedad tropical, y los árboles se vuelven más frondosos. Llegas a Xalapa —la ciudad de los jardines— y te das cuenta: esa curva que parece no tener fin, ese tramo donde el asfalto desaparece y vuelve a aparecer, fue diseñada para que el viajero no olvide lo que está dejando atrás. ¿Por qué vale la pena tomarla? Porque cada kilómetro es un recuerdo. En el km 12, una vieja parada de autobús sirve como punto de descanso para los camioneros y los turistas que buscan fotos con el cerro del Pico de Orizaba al fondo. En el km 28, una pequeña fuente de agua fresca, creada por los habitantes del pueblo de San Miguel, da vida a un pequeño jardín de flores silvestres. Y en el km 41, justo antes de entrar a Xalapa, hay un mirador improvisado hecho con madera y cables: desde allí, puedes ver cómo la ciudad se extiende en capas, como si fuera una pintura hecha con colores de tierra, verde y azul. Esta ruta no es rápida. Toma casi tres horas en coche. Pero es profunda. Cada vez que bajas la ventanilla, el aire trae el aroma de café recién tostado, de maíz asado y de tierra mojada tras la lluvia. Los pueblos que atraviesas tienen nombres que parecen cantar: “Los Tuxtlas”, “El Juchitán”, “San Andrés”. Sus mujeres venden chiltepines, sus hombres preparan salsas tradicionales, y sus niños corren entre los muros de adobe, con los ojos brillantes por el sol. En la actualidad, la 140D ha sido modernizada: ahora tiene señalamiento claro, guardarrail en los tramos peligrosos y zonas de emergencia. Pero aún conserva su alma. No es una autopista. Es una conversación entre el hombre y la montaña. Una forma de decir: aquí estamos, y seguimos. Si alguna vez tienes la oportunidad de conducir esta ruta… no te apures. Detente. Escucha. Mira. Porque en cada curva, en cada puente, en cada señal de “Cuidado: Pendiente” —está la Veracruz que nunca se rinde.