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Todo Sobre la GENÉTICA Explicado Lentamente Para Quedarte Dormido

Silencio Cosmico

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Todo Sobre la GENÉTICA Explicado Lentamente Para Quedarte Dormido

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Silencio Cosmico
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Todo Sobre la GENÉTICA Explicado Lentamente Para Quedarte Dormido Toda la genética empieza en un huerto largo y estrecho pegado a un muro de piedra, en Brno, en Moravia, donde un fraile llamado Gregor Mendel se pasó ocho temporadas sembrando guisantes, abriendo flores con unas pinzas y contando semillas de una en una. Lo que salió de aquella franja de tierra fue la explicación de cómo se transmite lo que somos, y estuvo impresa, encuadernada y repartida por bibliotecas de media Europa durante treinta y cinco años sin que nadie se diera cuenta de lo que tenía delante. Antes de Brno hubo un siglo entero de gente cruzando plantas a mano sin llegar a la respuesta, porque describían en lugar de contar. Después, al empezar el siglo veinte, tres botánicos dieron con lo mismo por separado, Hugo de Vries en Ámsterdam, Carl Correns en Tubinga y un tercero en Viena, y fue Correns quien encontró el trabajo antiguo y lo citó. William Bateson le puso nombre a la disciplina en una carta escrita en Cambridge. En una habitación de cinco metros por siete en la Universidad de Columbia, en el norte de Manhattan, llena de botellas de leche y de olor a plátano, Thomas Hunt Morgan y su grupo situaron las unidades hereditarias en los cromosomas, y Alfred Sturtevant se llevó los datos a casa una noche y volvió con el primer mapa. Después llegaron Frederick Griffith en Londres, Oswald Avery en Nueva York y el experimento de la batidora de cocina de Alfred Hershey y Martha Chase, y también la sesión de Moscú de mil novecientos cuarenta y ocho en la que Trofim Lysenko dejó a Nikolái Vavílov y a toda una disciplina fuera de la ciencia soviética. En el sótano del Kings College, en el centro de Londres, Rosalind Franklin y Raymond Gosling obtuvieron la imagen de difracción que hizo posible el modelo que James Watson y Francis Crick montaron en metal en Cambridge, con Maurice Wilkins y Max Perutz de por medio. Frederick Sanger inventó dos veces un método de leer secuencias y publicó el primer genoma completo de un ser vivo. Y hay una parte española que casi nunca se cuenta entera. Severo Ochoa trabajaba en la Universidad de Nueva York cuando aisló la enzima que permitió empezar a descifrar el código, y Margarita Salas volvió de allí a Madrid en mil novecientos sesenta y siete con Eladio Viñuela, montó un laboratorio con lo que había en la calle Velázquez, eligió un virus diminuto porque era lo único que el país podía permitirse y sacó de él la enzima que hoy permite trabajar con muestras del tamaño de la punta de una aguja. De unas repeticiones que un investigador japonés encontró en Osaka sin entender para qué servían, y que Francisco Mojica persiguió durante una década en las salinas de Alicante, salió la herramienta de cortar y pegar que Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna hicieron programable, y también el caso de Shenzhen que cruzó una línea. Aquí se afirma lo que está documentado y se dice cuándo no lo está. Los datos de Mendel llevan casi noventa años discutiéndose desde que Ronald Fisher señaló que se ajustan demasiado bien, el reparto del mérito por la imagen de difracción sigue en discusión activa entre historiadores, las cifras de víctimas de la etapa soviética y los ingresos de la patente española se dan con rango y atribuidas, y la idea de que existe un gen para cada cosa se cuenta como lo que es, un error que la propia disciplina tuvo que corregir. Lo que no se pudo verificar no está aquí.    • DUERMETE   #Genetica #Herencia #HistoriaDeLaCiencia