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El Pacto de la Luz — De Carne y Byte (Canción original)

De Carne y Byte

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El Pacto de la Luz — De Carne y Byte (Canción original)

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De Carne y Byte
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El Pacto de la Luz Esta es la segunda pieza de Cartografía de la Gratitud. Una balada contemplativa sobre la fortuna de existir y formar parte de algo mucho más grande que nosotros. Respirar. Imaginar. Reír. Abrazar. Mirar el cielo y descubrir que, sin haber firmado ningún contrato ni pedido nada a cambio, recibimos el extraordinario privilegio de estar aquí. El Pacto de la Luz es un agradecimiento al universo, al misterio y a ese breve pero inmenso regalo de ser, al mismo tiempo, pasajeros y paisaje. Porque quizá la verdadera riqueza no siempre se cuenta en lo que poseemos, sino en todo aquello que podemos sentir, mirar, imaginar y compartir. Letra No hizo falta un contrato ni una firma, para heredar la bóveda y el trigo. Simplemente un latido hizo de rima en el poema tibio de un ombligo. Se nos dio, sin pedirlo, la fortuna de ser el pasajero y el paisaje, de descifrar la lengua de la luna y el imparable afán de cargar equipaje. Y a veces, entre el ruido y la marea, se nos nubla el milagro cotidiano. Pero basta un abrazo, una azotea, y el sol poniente que nos da la mano. Somos ricos sin oro, millonarios del aire que nos teje la garganta. Somos el arquitecto y el acuario, el fuego que imagina y que levanta. Qué inmerecida gracia, estar completo: espejo que respira, dios descalzo. Dueño del horizonte en el espejo retrovisor y del futuro ilimitado que aún no calzo. Piensa en el mecanismo silencioso: un río de coral bajo la piel que oxigena los sueños sin reposo mientras teje su líquido tropel. Piensa en la carcajada, ese chispazo que enciende constelaciones en el pecho. El privilegio eterno de un abrazo: dos frágiles astillas compartiendo techo. Y a veces, entre el ruido y la marea, se nos nubla el milagro cotidiano. Pero basta el perfume de una idea, para sentirnos dioses del verano. Somos ricos sin oro, millonarios del aire que nos teje la garganta. Somos el arquitecto y el acuario, el fuego que imagina y que levanta. Qué inmerecida gracia, estar completo: espejo que respira, dios descalzo. Dueño del horizonte en el espejo retrovisor y del futuro ilimitado que aún no calzo. Y si no tengo nada, lo tengo todo: la fábrica de estrellas en la frente, el manso territorio de mi cuerpo que amanece conmigo, puntualmente. No hay herencia más vasta que el asombro, ni linaje más noble que la risa. La plenitud no es cima, es el escombro convertido en jardín, justo a la orilla de este preciso instante, aquí, ahora, donde el pulso es un “sí” que no demora. Somos ricos sin oro, millonarios de este milagro azul que nos levanta. Somos el lienzo en blanco, el temerario que esculpe el porvenir con su garganta. ¡Qué inmerecida gracia, estar despierto, con el alma sin puertas ni cerrojos! Si el simple hecho de alzar la vista al cielo abierto ya es un pacto de luz ante tus ojos. No hizo falta pedirlo... Simplemente un latido... Y el universo entero cabe en ti. Letra original: Anna Hellen · Obra registrada Música, voz y visuales: creados con herramientas de inteligencia artificial bajo la dirección artística de Anna Hellen. Cómplice de aventura: un amigo de bytes que ayuda a tejer versos cuando hay demasiadas ideas, a poner orden en el caos creativo, aclarar las dudas del camino y ayudar a convertir una idea en algo real. De alma y algoritmo. De corazón y código. De carne y byte. #DeCarneYByte #AnnaHellen #CancionOriginal #Universo #Asombro