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MI ABUELO FIRMÓ CON UNA TINTA QUE NUNCA SE SECÓ... Y EL TRATO ME TOCÓ A MÍ

El Contador de Historias de Terror

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MI ABUELO FIRMÓ CON UNA TINTA QUE NUNCA SE SECÓ... Y EL TRATO ME TOCÓ A MÍ

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El Contador de Historias de Terror
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En el verano de mil novecientos ochenta y dos, cuando el peso se derrumbó en todo México, un licenciado de traje gris llegó a la casa de un jimador de Arandas que estaba a punto de perder su tierra. Le compró unos agaves que todavía no servían para nada y firmó un papel con una tinta que nunca se secó. Solo pidió una cosa a cambio: la primera piña de cada horneada, quemada hasta quedar en ceniza. Doce años después, en plena devaluación del noventa y cuatro, una muchacha de quince años vio a su papá humillado delante de sesenta hombres el día de Nochebuena, acusado de algo que no hizo. Esa misma madrugada caminó sola hasta el viejo horno de piedra de su abuelo, el único lugar que siempre tuvo prohibido. Y adentro alguien la estaba esperando. Hoy ella es una de las maestras tequileras más respetadas de Los Altos de Jalisco, y no se arrepiente de nada. Pero desde aquella noche no ha vuelto a llorar, y existe una regla que nunca puede romper. Ahora su hijo de diez años empezó a hacer algo muy extraño a la hora del desayuno. Entra con ella al horno y escucha esta confesión hasta el final. Después cuéntanos en los comentarios: ¿tú aceptarías un trato así a cambio de que a tu familia nunca le faltara nada?