Evangélio Diario 17 de septiembre Mons Enrique Diaz Diaz
Podcast Catolicos en Camino
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17 septiembre
San Roberto Belarmino
Santa Hidelgarda de Bingen
1Corintios 15, 1-11: “Esto es lo que predicamos; esto es lo que hemos creído”
Salmo 117: “Te damos gracias, Señor, porque eres bueno”
San Lucas 7, 36-50: “Sus pecados le han quedado perdonados, porque ha amado
mucho”
A través de todo el evangelio de San Lucas encontramos, como en ningún otro, una
relación muy especial de Jesús con los pobres, con los marginados, con las mujeres,
pero en especial con todos los pecadores. Todo esto, en contra de un pueblo cuya
mentalidad y tradición marginaba de una forma fortísima y hasta humillante a quien
consideraban contaminado, impuro o pecador. No podrían ver jamás con buenos ojos
que una mujer pecadora y considerada de mala fama se acercara a Jesús y tuviera esas
familiaridades que ni el propio dueño de la casa había tenido. Juzgamos nosotros muy
duramente al fariseo, pero pongámonos en su lugar y creo que no sería muy distinta
nuestra forma de pensar y de juzgar. Es más, con frecuencia sucede en nuestros círculos
que, a personas, ya no digamos de dudosa reputación, sino simplemente que las
consideramos sospechosas, les hacemos el vacío y las tratamos con indiferencia y
lejanía. A muchos suena escandalosa la actitud y comentarios del Papa Francisco frente
a quienes condena la sociedad. Pero sólo sigue el plan de Jesús que, para manifestar la
misericordia del Padre, tiene una actuación muy diferente: reconoce que puede haber
pecado e invita al pecador a convertirse, pero no puede condenar a quien ha pecado sin
antes haberle dado la oportunidad de una conversión. Nos muestra a un Padre Dios
infinitamente misericordioso que no juzga y que espera la más mínima muestra de amor
para conceder el perdón. El hermoso pasaje de este día encierra dos grandes enseñanzas.
La primera se refiere a nuestra actitud que tiene que ser de un corazón misericordioso,
abierto a los demás, capaz de amar y perdonar, que no esté dispuesto a juzgar el pasado
de las personas. La segunda se refiere a nuestra relación con Dios: nunca tendremos
mayor pecado que dudar de su amor y misericordia. Debemos reconocer que siempre
está dispuesto a otorgar el perdón a quien da muestras de conversión. Por más grande
que sea nuestro pecado, siempre será mayor el amor y la misericordia de Dios. No
podemos dudar que nos perdona mucho porque nos ama mucho, pero también a quien
mucho se le ha perdonado lo debe amar muchísimo y demostrarlo con sus obras.