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¿Por qué DESAPARECIÓ La VAM Gladiator Pickup?

Camionetas de Antes

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¿Por qué DESAPARECIÓ La VAM Gladiator Pickup?

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Camionetas de Antes
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¿Por qué DESAPARECIÓ La VAM Gladiator Pickup? Hubo una época en que México no solo ensamblaba Jeeps: los diseñaba. Vehículos Automotores Mexicanos, mejor conocida como VAM, nació en 1946 como distribuidora de Willys-Overland y terminó convertida, en 1963, en una empresa con el sesenta por ciento de capital del gobierno mexicano. Tenía su propia planta de motores en Lerma, Estado de México, y ahí se fabricó una camioneta Jeep que en Estados Unidos se llamó Gladiator y que en México se conoció simplemente como la pickup Jeep, o serie J. Pero lo que hizo especial a esta historia no fue la carrocería, fue un motor de seis cilindros de 282 pulgadas cúbicas, diseñado por ingenieros mexicanos para resolver un problema que Detroit jamás había enfrentado: hacer que un Jeep funcionara bien a más de dos mil metros de altura, con gasolina de bajo octanaje. No era una simple adaptación, era ingeniería mexicana original, nacida en una planta que muy pocas operaciones latinoamericanas de la época podían igualar. La crisis económica de 1982 acabó con todo. El colapso de Somex, dueña de VAM, obligó al gobierno mexicano a vender su participación a Renault. Y en 1987, en uno de los giros más incómodos de la industria automotriz mexicana, el propio gobierno tuvo que pagarle doscientos millones de dólares a Renault para que la empresa francesa asumiera la deuda de VAM y la liquidara por completo. Poco antes, del otro lado de la frontera, Chrysler había comprado American Motors y decidió descontinuar para siempre la camioneta grande de Jeep, la misma que México había fabricado durante décadas. Ahí debería terminar la historia. Pero hay un detalle que casi nadie conoce: en 1982, mientras VAM se hundía, sus ingenieros habían instalado ese motor mexicano en un prototipo del entonces nuevo Jeep Cherokee. American Motors quedó tan impresionada que ese desarrollo se convirtió en la base del legendario motor de cuatro litros que Jeep usó en el Cherokee, el Wrangler y el Grand Cherokee durante casi veinte años más. La empresa murió, la camioneta murió, pero el corazón de ese motor, nacido en una planta mexicana, siguió rodando por el mundo mucho después de que nadie recordara de dónde venía.