Tu cuerpo pone límites y tu cabeza no lo acepta
Hoy es el mejor dia de tu vida
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Tu cuerpo pone límites y tu cabeza no lo acepta
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Hoy es el mejor dia de tu vida
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24 septiembre 2026
¿Qué pasa cuando tu cuerpo te pone límites que tu cabeza todavía no acepta?
Muy buenos días…
¡Hoy es el mejor día de mi vida porque es el único que tenemos de momento!
Este verano he aprendido una cosa que, sinceramente, no tenía ninguna gana de aprender:
mi cuerpo también puede decir que no.
Y yo soy bastante pesada.
Porque mi cuerpo dice:
«Bel, hoy no.»
Y mi cabeza responde:
«Venga, hombre… que tenemos cosas que hacer.»
Pero este verano no ha sido tan fácil.
Mis manos y mis pies han estado mal.
La neuropatía se ha hecho mucho más presente.
Me he caído.
Me he hecho daño.
He tenido el dichoso papiloma.
Y durante momentos no he podido caminar como quería.
Ni utilizar las manos como necesitaba.
Y esto, para mí, no es una tontería.
Porque moverme no es solamente hacer ejercicio.
Moverme es una de mis maneras de estar bien de la cabeza.
Cuando estoy saturada, camino.
Cuando necesito despejarme, entreno.
Cuando necesito sacar algo que llevo dentro, muevo el cuerpo.
Así que imagínate la gracia…
Cuando el cuerpo dice:
«No puedes»,
y la cabeza necesita precisamente eso para encontrarse mejor.
Ahí es donde empiezas a negociar contigo misma.
«Bueno, hoy descanso.»
«Mañana seguro que puedo.»
«Voy a probar un poquito.»
«No pasa nada.»
Y a veces sí pasa.
Y tienes que volver a parar.
Y eso me ha enfadado muchísimo.
Porque durante años he aprendido a adaptarme.
He aprendido a convivir con cosas que antes me parecían imposibles.
Pero una cosa es adaptarte…
y otra es que cada nueva limitación no te afecte.
Claro que me afecta.
Soy humana.
Y aquí he tenido que aprender otra cosa:
parar no significa que haya perdido.
Descansar no significa que me esté rindiendo.
Y necesitar ayuda no significa que sea menos fuerte.
Pero tampoco quiero romantizarlo.
Hay días en los que parar me parece una auténtica mierda.
Y puedo decirlo.
Porque también forma parte del proceso.
Ahora he vuelto a entrenar.
Aunque me levanto cansada.
Aunque me duelen las manos.
Aunque hay días en los que me cuesta.
Y no lo hago para demostrar que puedo con todo.
Lo hago porque moverme me hace bien.
Y cuando no pueda…
tendré que buscar otra manera.
Eso también es adaptarse.
No hacer como que no pasa nada.
Sino mirar lo que está pasando y preguntarme:
«Vale. Esto es lo que hay hoy. ¿Qué puedo hacer con esto?»
Y quizá eso sea mucho más real que intentar ser fuerte todo el tiempo.
Que tengas un día extraordinario.
Y si hoy tu cuerpo te está diciendo que pares…
escúchalo.
Aunque tu cabeza esté haciendo una rabieta.
La mía lleva todo el verano con ella.
Besitos de Chocolate que no engordan y alimentan el alma.