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Reparadores de la brecha | Música y Palabras de Inspiración | 12 de septiembre de 2026 | #5060

El Coro del Tabernáculo

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Reparadores de la brecha | Música y Palabras de Inspiración | 12 de septiembre de 2026 | #5060

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El Coro del Tabernáculo
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Hace cincuenta años, en junio de 1976, la represa Teton en el estado de Idaho, Estados Unidos, repentinamente se averió. Billones de litros de agua fluyeron por la brecha, causando una devastadora inundación que arrasó con miles de casas y sepultó a comunidades enteras bajo lodo y escombros. Se perdieron vidas humanas, familias fueron separadas, y la esperanza de reparar y renovar parecía por demás remota. Pero casi de inmediato, otra fuerza empezó a fluir —una fuerza más perdurable que los torrentes de agua que la precedieron. Más de 40 mil voluntarios llegaron de comunidades vecinas con un solo propósito: ayudar donde y como pudieran. Llegaron para sanar, para elevar, para fortalecer y para amar. A su propio modo, llegaron a ser lo que Isaías llamó “reparadores de brechas” —no para reconstruir la represa sino para ayudar a restaurar las vidas, los hogares y las esperanzas de los damnificados. La necesidad más urgente no era la de proveer concreto y barras de refuerzo, sino alimentos, albergue, fe y oración. Era lo que las Escrituras llaman “amor no fingido” —servicio ofrecido libremente y sin esperar nada a cambio. Todos tenemos brechas —esos acontecimientos, desconsuelos y desamparos inesperados que derrumban los muros de la vida que con tanto cuidado tratamos de levantar. Y cuando miramos detenidamente a quienes nos rodean, descubrimos que también ellos sufren brechas; nadie está exento. Y tal como un potente aluvión de amor y servicio fluyó hacia esa zona de Idaho hace cincuenta años, también nosotros podemos extender hoy nuestros corazones, manos y apoyo a personas necesitadas. A menudo, la respuesta se halla en tomar acción —al ayudar a alguien a hacer algo que no puede hacer solo. En otros casos, e igualmente importante, la respuesta puede ser sencillamente orar por alguien más —no solo una vez, sino cuantas veces fuera necesario. Esas oraciones quizás no se vean, pero su efecto no es menos real, y pueden ser suficientes para contribuir a la reparación de la brecha. Claro está que el gran Reparador es el mismo Salvador. Jesucristo es el Maestro Sanador —el más seguro Reparador de todo cuanto pudo haber salido mal o de lo que no haya salido bien. El apóstol Pedro nos invitó a echar nuestras ansiedades sobre el Salvador puesto que Él nos cuida. Al permitir que Él lleve nuestras cargas, tenemos la seguridad de que toda brecha será reparada —en el debido tiempo del Señor y a Su manera.