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Fui a jugar bolos sola, ya que mis amigas estaban ocupadas. Para integrarme

El Chismesaurio

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Fui a jugar bolos sola, ya que mis amigas estaban ocupadas. Para integrarme

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El Chismesaurio
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Fui a jugar bolos sola, ya que mis amigas estaban ocupadas. Para integrarme en un grupo y hacer nuevos amigos, me acerqué a un chico y le dije “Si hago una chuza te puedes acostar conmigo”. Y el solo dijo: “pero yo no me quiero acostar contigo”. No supe que hacer, así que lo intenté besar y me rechazó… La gente es muy poco amigable en estos días. Yo amo a Santi, pero a veces siento que él me ama como si yo fuera una estatua en una repisa, limpia, quieta, intocable. Llevamos tres años y, al principio, esa adoración me parecía romántica, porque quién no quiere un hombre que te mire como si fueras lo mejor que le pasó en la vida. Santi es de esos que te abre la puerta del carro, te guarda el puesto en la fila y te pregunta si ya comiste, como si fuera un checklist de novio perfecto. La gente alrededor siempre decía “qué suerte tienes”, como si yo me hubiera ganado un premio por portarme bien. Y sí, era bonito, pero con el tiempo se volvió un tipo de cariño pasivo, como un museo donde no puedes tocar nada, ni respirar fuerte. Nos conocimos en el cumpleaños de un amigo en común, en una terraza con luces amarillas y música bajita, de esas reuniones donde nadie quiere parecer desesperado. Él me ofreció agua antes de ofrecerme alcohol, para que “no me haga daño”, y yo en ese momento pensé: este hombre va en serio, este hombre tiene control. Me escuchó hablar sin interrumpirme, me miró directo a los ojos y me dijo que yo tenía “presencia”, como si lo hubiera descubierto él primero. A la semana ya me estaba mandando mensajes de buenos días con una formalidad adorable, y yo, que soy intensa cuando algo me gusta, me entregué con gusto. Las primeras citas fueron perfectas, sin sorpresas feas, sin juegos raros, sin gente extraña metiéndose. Santi era estable de una forma casi ofensiva, porque nunca se equivocaba en lo importante. Me llevaba a lugares tranquilos, me compraba mi postre favorito sin preguntarme, y cuando yo me quejaba de algo, él no me decía “estás exagerando”, él decía “¿qué puedo hacer para que te sientas mejor?”. Hasta su familia era decente, gente que saluda, que te pregunta por tu trabajo sin juzgarte, que no te mira como si fueras un intruso. Mis amigas lo amaban, y eso ya era una señal de que el universo me lo había puesto fácil. El problema es que, cuando todo es fácil, también se vuelve invisible, y yo no nací para ser un mueble en una casa ordenada. 0:00 Historia principal 9:03 Comentarios de la historia principal 10:17 Actualización 1 17:11 Comentarios de la actualización 1 18:22 Actualización 2 24:48 Comentarios de la actualización 2 26:02 Actualización 3 32:26 Comentarios de la actualización 3 33:30 Actualización 4