12 - La Ley del Mínimo Esfuerzo
El Súmmum de la Síntesis
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12 - La Ley del Mínimo Esfuerzo
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El Súmmum de la Síntesis
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En su libro Armas, gérmenes y acero, Jared Diamond señala un hecho aparentemente trivial: los continentes tienen formas distintas. El eje principal de América va de norte a sur, y el de África también; en cambio la masa de tierra que forman Europa, Asia y Oriente Medio se extiende de este a oeste. Esa diferencia de forma tuvo un efecto profundo sobre la historia humana.
Cuando la agricultura empezó a difundirse, los agricultores lo tuvieron más fácil expandiéndose por rutas este-oeste que norte-sur, porque los lugares situados en la misma latitud comparten clima, horas de sol, lluvias y estaciones. Eso permitió domesticar unos pocos cultivos y sembrarlos desde Francia hasta China. En cambio el clima varía enormemente al desplazarse en vertical: por muy buen agricultor que seas, no vas a cultivar naranjas de Florida en el invierno canadiense. La nieve es un mal sustituto del suelo.
El resultado es que la agricultura se difundió entre dos y tres veces más rápido a través de Asia y Europa que a lo largo de América. Más producción de alimentos permitió un crecimiento demográfico más rápido, y con más población llegaron ejércitos más fuertes y mejores condiciones para desarrollar tecnología. Diferencias mínimas compuestas durante siglos.
Ese es el ejemplo a escala planetaria de la tercera ley. La sabiduría convencional dice que la clave del cambio de hábitos es la motivación, que si de verdad lo quisieras lo harías. La verdad es que nuestra motivación real es ser perezosos y hacer lo que resulta cómodo. Y no es una estrategia estúpida, es inteligente: la energía es preciosa y el cerebro está diseñado para conservarla.
La ley del mínimo esfuerzo dice que, al elegir entre dos opciones similares, la gente gravita naturalmente hacia la que exige menos trabajo. Cada acción requiere una cantidad de energía y, cuanta más requiere, menos probable es que ocurra. Cien flexiones al día es mucha energía; al principio la motivación alcanza, pero a los pocos días el esfuerzo agota. Una flexión al día no requiere casi nada.
En cierto sentido, todo hábito es un obstáculo hacia lo que realmente quieres. La dieta es un obstáculo para estar en forma, la meditación lo es para sentir calma. No quieres el hábito, quieres su resultado. Cuanto mayor es el obstáculo, más fricción hay entre tú y el estado deseado. Y no se trata de hacer solo cosas fáciles: se trata de que en el momento sea lo más fácil posible hacer aquello que rinde a largo plazo.
La imagen que lo explica es una manguera doblada. Puedes abrir más el grifo y forzar el paso del agua, o puedes deshacer el pliegue y dejar que fluya. Aumentar la motivación es lo primero; simplificar el hábito es lo segundo.
El precedente industrial es la producción ajustada japonesa de los años setenta, que rediseñó los puestos de trabajo para que los operarios no perdieran tiempo girándose a alcanzar herramientas. En 1974 las llamadas de servicio para televisores en color estadounidenses eran cinco veces más frecuentes que para los japoneses; en 1979 un trabajador estadounidense tardaba el triple en ensamblar un aparato. Clear lo llama sumar por sustracción.
Y funciona también en lo minúsculo. Cuando el gobierno británico enlazó directamente al formulario fiscal en vez de mandar a los ciudadanos a una página desde la que descargarlo, la tasa de respuesta subió del 19,2 al 23,4 por ciento. Oswald Nuckols, informático de Misisipi, aplica lo que llama reiniciar la habitación: al terminar de ver la televisión deja el mando en su sitio, coloca los cojines y dobla la manta. No limpia después de la última acción, prepara la siguiente. «La gente cree que trabajo mucho, pero en realidad soy muy perezoso. Soy perezoso de forma proactiva».