15 - De las cosas por las que los príncipes son alabados o censurados
El Súmmum de la Síntesis
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El Súmmum de la Síntesis
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Mediado el libro, Maquiavelo anuncia una ruptura metodológica. Muchos han imaginado repúblicas y principados que jamás se han visto ni conocido en la realidad, escribe. Hay tal diferencia entre cómo se vive y cómo se debería vivir, que quien abandona lo que se hace por lo que se debería hacer aprende más bien su ruina que su preservación. El hombre que profesa virtud en toda circunstancia debe estrellarse entre tantos que no son virtuosos. Por tanto un príncipe que desee mantenerse debe aprender a no ser bueno, y usar este conocimiento o no según la necesidad.
Es una de las frases más importantes de la historia de la filosofía política. Con ella Maquiavelo separa formalmente la cuestión de cómo deberían comportarse los gobernantes de la cuestión de qué deben hacer los gobernantes para sobrevivir. Las tradiciones clásica y cristiana habían tratado ambas como la misma cuestión: un buen gobernante es el que posee las virtudes; gobernar es la aplicación de la virtud a los asuntos públicos. Maquiavelo niega la identificación. El mundo contiene demasiada gente dispuesta a usar medios inmorales; el gobernante que rehúsa usarlos cuando son necesarios será destruido por quienes no los rehúsan.
Procede a una lista de cualidades por las que los príncipes son alabados o censurados, organizada como pares opuestos: liberal frente a avaro, generoso frente a rapaz, cruel frente a clemente, infiel frente a fiel, afeminado frente a valiente, humano frente a soberbio, casto frente a licencioso, sincero frente a astuto, duro frente a fácil, grave frente a ligero, religioso frente a incrédulo. Todo príncipe, dice, querría que se le considerase poseedor del lado loable de cada par. Pero la naturaleza humana no lo permite. Ningún mortal puede poseer todas las virtudes, y aun poseyendo algunas, el príncipe tendrá a veces que violarlas.
El consejo crucial: un príncipe no debe preocuparse de los nombres de los vicios que se ve forzado a cometer cuando esos vicios son necesarios para mantener su estado. Debe evitar los vicios que le costarían su estado, pero no debe atormentarse por vicios que no representan tal peligro. Y — lo más asombroso — debe ser cauteloso con las virtudes, porque algunas de ellas, practicadas con demasiada prontitud, le harán perder su estado.
El capítulo es la bisagra metodológica de El Príncipe. Antes de él, Maquiavelo ha estado describiendo las estructuras de los estados y las dinámicas de su adquisición. Después, describirá el carácter y la conducta del príncipe mismo — las virtudes que debe aparentar tener, los vicios que debe estar dispuesto a cometer, la reputación que debe cultivar. Los capítulos siguientes (del 16 al 23) son una enumeración: liberalidad y avaricia, crueldad y clemencia, fidelidad y traición, desprecio y odio, estima, ministros, aduladores. Cada uno es una aplicación del principio aquí enunciado.
Lo que Maquiavelo hace no es abolir la moral. Es separarla nítidamente de la política. La virtud personal, la buena vida privada, el cultivo del alma — todas siguen siendo valiosas y dignas de perseguirse como asuntos privados. Pero el oficio de príncipe, tal como Maquiavelo lo construye, tiene su propia lógica. La tarea del príncipe es mantener el estado seguro, al pueblo alimentado, las leyes funcionando. Un príncipe que persigue la perfección moral personal mientras su estado se desmorona a su alrededor no ha sido bueno. Ha sido meramente vanidoso. Maquiavelo prefiere un príncipe que salve su estado mediante alguna inmoralidad mesurada a uno que lo pierda mediante una virtud sin medida.
El lector que esperaba orientación moral recibe, en este capítulo, exactamente lo contrario: el anuncio de que la orientación moral es la herramienta equivocada para el trabajo. Lo que la reemplaza es algo más frío — un estudio cuidadoso de qué vicios puede permitirse un príncipe, qué virtudes son útiles y cuáles destructivas, y cómo deben gestionarse apariencia y realidad de cada una. El Príncipe se convierte, a partir de este capítulo, en una guía de conducta política tratada como oficio.