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Que sean uno - Domingo, 22 de Marzo de 2026

IEP Vitoria-Gasteiz

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Que sean uno - Domingo, 22 de Marzo de 2026

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Que sean uno En la oración que Jesús dirige al Padre poco antes de su pasión y crucifixión, encontramos algunas de sus peticiones más profundas por aquellos que habrían de seguirle. Entre ellas destaca una que aparece repetidamente: que sus discípulos sean uno. No se trata de un deseo secundario, sino de una preocupación central del Señor para su iglesia. Resulta significativo observar lo que Jesús no pide. No ruega por prosperidad, poder o reconocimiento para sus seguidores. Tampoco pide que sean apartados del mundo, sino que sean guardados del mal mientras permanecen en él. Su deseo es que vivan como testigos fieles en medio de una sociedad que necesita conocer a Dios. Sin embargo, Jesús identifica un peligro que amenaza constantemente a su pueblo: la desunión. A lo largo de la historia, las divisiones, los conflictos y las diferencias han debilitado el testimonio cristiano. Aunque existan distintas tradiciones, sensibilidades o formas de entender cuestiones secundarias, todos los creyentes comparten una misma fe en Cristo y forman parte de una misma familia espiritual. La vida cristiana posee una dimensión personal, pero nunca fue diseñada para vivirse en aislamiento. Dios nos llama a caminar junto a otros creyentes, animándonos, corrigiéndonos, ayudándonos y edificándonos mutuamente. La espiritualidad genuina no se demuestra únicamente en la oración privada o en la devoción personal, sino también en la manera en que nos relacionamos con nuestros hermanos y hermanas en la fe. Ahora bien, unidad no significa uniformidad. La iglesia está compuesta por personas diferentes, con dones, ministerios y perspectivas distintas. La Escritura compara esta realidad con un cuerpo: una sola cabeza, que es Cristo, y muchos miembros que cumplen funciones diversas. La riqueza de la iglesia no está en que todos sean iguales, sino en que todos sirvan al mismo Señor. Además, la unidad tiene un propósito evangelístico. Jesús declara que el mundo creerá al ver a sus seguidores viviendo en armonía. Cuando los creyentes se atacan, se descalifican o convierten las diferencias secundarias en motivos de enfrentamiento, el testimonio del evangelio pierde credibilidad. En cambio, cuando existe amor, respeto y colaboración, el carácter de Dios se hace visible. Por eso, la unidad es una de las mayores fortalezas de la iglesia. A través de ella crecemos, somos fortalecidos y mostramos al mundo la realidad del amor de Cristo. Trabajemos, pues, por conservarla, manteniendo nuestras convicciones con humildad y sirviendo juntos al Señor allí donde Él nos ha colocado.