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El Asombroso Diseño del Cúter

Astillero Fantasma и El Vigilante 🤫

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El Asombroso Diseño del Cúter

416 просмотров · 8 дней назад
Astillero Fantasma и El Vigilante 🤫
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Noche sin luna de 1752, frente a la costa de Kent: un velero contrabandista, más pequeño y ligero, con 4.200 libras de peso en té de contrabando bajo cubierta, escapa sin esfuerzo de la balandra de aduanas que lo persigue. Aquella embarcación era un cúter, y el vídeo explica cómo cada decisión de su construcción respondía a un mundo donde la velocidad era la diferencia entre el beneficio y la horca. La Inglaterra de principios del siglo XVIII era un paraíso del contrabando: la lana salía ilegalmente y entraban brandy, seda y té. En 1747 la aduana capturó el Three Brothers frente a Kent con un cargamento valorado en casi 500 libras cuando un jornalero ganaba un chelín al día; a mediados de siglo, la mitad del té consumido en el país no había pagado un penique de impuesto. La Marina Real era inútil contra las bandas: sus balandras, demasiado grandes, lentas y de calado profundo, no podían seguir a los contrabandistas por bahías someras y calas de marea. El vídeo desgrana la ingeniería del cúter: casco estrecho con relación eslora-manga de 3:1 y sección en V; construcción a tope en lugar de trincado para reducir la fricción; abeto en vez de roble, más ligero aunque menos duradero; quilla corrida continua; timón colgado de la popa, reparable en el mar; aparejo de cangreja con el palo retrasado; dos velos de proa cuyo 'slot' aceleraba el viento y aportaba entre el 45 y el 55 % de la superficie vélica; bauprés móvil y velas cuadras para los rumbos portantes. Esto desató una carrera armamentística: la aduana compró cúters, a veces en los mismos astilleros que construían para los contrabandistas, y la Marina Real comisionó cúters armados de hasta diez cañones, como el HMS Endeavour de 1763, destinado a patrullar frente a Beachy Head. En el Canal de Bristol, con la segunda mayor amplitud de marea del planeta y un tráfico clave para Bristol, Cardiff y Gales del Sur, los pilotos autónomos que competían por llegar primero a los barcos crearon el pilot cutter, considerado el mejor velero de ese tipo de la era de la vela, que inspiró después a Lyle Hess y a Larry y Lin Pardey. En 1790, Alexander Hamilton creó en Estados Unidos el Revenue Marine con diez cúters, germen de la actual Guardia Costera, cuyos buques de más de 65 pies conservan aún el nombre de cúter. El negocio del contrabando de té llegó a ser enorme: a finales del siglo XVIII entraban ilegalmente más de 3.000 toneladas al año, más que las 2.000 que llegaban por los cauces legales, según la BBC (bbc.com/mundo/noticias-39532837). El impuesto llegó a rondar el 119% hacia 1750, así que comprar de contrabando costaba menos de la mitad, y muchos comerciantes preferían a los traficantes porque les llevaban la carga a casa y hasta ofrecían crédito de cuatro meses. La paradoja es que la pieza clave del monopolio legal, la Compañía de las Indias Orientales, obligaba a cualquier mercader a viajar a Londres y pagar por adelantado. El gobierno no era ajeno a lo que estaba pasando. Los comisarios de aduana contrataban capitanes de cúter por su cuenta, a veces prometiendo una parte del cargamento como recompensa, y no faltaban tripulaciones poco fiables que se quedaban la mercancía entera, según el blog de Andy Millen (andymillen.wordpress.com/2013/09/16/the-cutters-the-smugglers-vessel-of-choice/). Solo después de 1750, con la disolución de la banda de Hawkhurst, empezaron las autoridades a encargar sus propios cúters. En cuanto al diseño, la elección del abeto tenía su lógica: era más barato que el roble, así que cualquier avería se reparaba sin arruinarse, aunque el casco a tope fuera teóricamente más vulnerable. Hubo capitanes que se quedaron con el sistema trincado, más resistente, pero perdían velocidad. La historia acabó por vía económica: en 1784 el impuesto bajó al 12,5%, y con el libre comercio de finales de los años 1840 el negocio dejó de tener sentido, como recoge la BBC.